El proceso de la traducción
Se pueden diferenciar dos fases en la traducción, la fase de comprensión y la de decodificación.
En la fase de comprensión del texto, se decodifica el sentido del texto origen, en una actividad denominada semasiológica. En la fase de expresión, se recodifica este sentido en la lengua final.
En la fase de decodificación del sentido del texto, el traductor debe encontrar en primer lugar los segmentos que componen el texto origen. Debe establecer las unidades mínimas con sentido. El segmento puede ser una palabra, frase o incluso una o varias oraciones (por ejemplo, un texto completo) en el texto de la traducción.
En la fase de recodificación en la lengua final, el traductor debe mantener el sentido del segmento original en un segmento de la lengua final, teniendo en cuenta el genio de la misma. La reunión del segmento origen con el segmento meta se denomina unidad de traducción.
Ambas etapas son de índole recursiva, y no necariamente sucesivas, el traductor puede volver a desentrañar el sentido del texto origen, una vez que ha recodificado el sentido en la lengua final.
Tras este procedimiento, sencillo a primera vista, se esconde una operación cognitiva compleja. En la traducción, para decodificar el sentido completo del texto original, el traductor tiene que interpretar y analizar todas sus características de forma consciente y metódica. Este proceso de traducción requiere un conocimiento profundo de la gramática, semántica, sintaxis y frases hechas o similares de la lengua origen, así como de la cultura de sus hablantes.
El traductor ha de contar también con estos conocimientos para recodificar el sentido en la lengua final. De hecho, estos suelen ser más importantes para la traducción y, por tanto, más profundos que los de la lengua origen. De ahí que la mayoría de los traductores traduzcan a su propia lengua y no a la lengua extranjera.
Por supuesto, es esencial que los traductores conozcan el área de la que se está hablando.